Australia / Tasmania - Día 38 (28/01/16) - Preparativos para el colegio


Día 42...

Nuevo día. Después de toooda la noche lloviendo (cosa que la huerta agradece a gritos), amanece con sol (cosa que yo agradezco a gritos).

A pesar de que me costó bastante dormirme (no sé por qué, es la primera vez que me pasa en este viaje), consigo levantarme a las 7h y me hago media serie de Ashtanga. 

Para desayunar preparo una tortilla de calabaza, patata y patata morada.


Pero me doy cuenta de que sólo hay 3 huevos. Voy a mirar si hay más, pero no, las gallinas ponen más tarde. Así que lo intento sólo con 3 huevos.

No queda muy aparente, pero igualmente rica.


Alex ha vuelto para seguir con las puertas. Aprovechamos que está aquí para que nos aconseje qué hacer con la parte exterior. Propone echar tierra en el lateral dejando un poco de pendiente hacia atrás, para la lluvia, y apelmazando muy bien la tierra. A ello que me pongo.





No se aprecia muy bien, pero ha quedado niquelado. Después me propone hacer lo mismo con la parte frontal, intentando nivelar todo el terreno para que quede en suave pendiente hacia la derecha. Como está lleno de hormigón, tengo que emplear el mazo continuamente.

Si lo comparamos a cómo estaba ayer...



Vale, no se nota mucho, pero ha sido un currazo.

A mediodía llega Sarah con los niños, y me dice "I know how to make you happy", y saca la compra.


Desde luego que lo sabe. Fruta y remolacha. El paraíso.

Sarah tiene que volver a marcharse con los niños. Mañana Max empieza el colegio y creían que empezaba el Lunes, así que están de preparativos.

Yo me hago una ensalada de las mías.


Lechugas, berzas, pepino y tomates de la huerta, zanahorias, remolacha, manzana, judías blancas y semillas de girasol y calabaza. Bien aliñado.

Como no deja de llover, yo me tomo la tarde de relax. Me hubiera gustado hacerme alguna ruta, pero con este tiempo, es un suicidio.

Alex ha dejado las puertas terminadas a falta de lijarlas un poco y barnizarlas, que será mi trabajo de mañana.


Me encanta verle trabajar la madera.

Mientras espero a que lleguen me preparo la cena. Me voy a la huerta a coger algunas verduras para hacerme una sopa. Veo que las coliflores está ya casi.


Al final me cojo algunas verduras y me preparo la sopa con un sofrito de ajo, cebolla, jengibre, las verduras, zanahorias, unas judías verdes de la huerta, y las judías blancas de lata que sobraron de la ensalada. Le añado cúrcuma, comino, cardamomo, pimentón de la vera, jengibre en polvo (me he aficionado) sal y pimienta. Una vez bien rehogado, añado el agua y lo dejo cocer bastante.

Cuando está casi hecho, le añado unos tallarines sin gluten. Estos son de trigo sarraceno integrales. Nunca los había probado.


Y cuando ya están cocidos, lo quito del fuego y le añado una cucharada de pasta de miso. Como experimento mucho con la comida (no me gusta seguir recetas), muchas veces me quedan bodrios. Pero esta vez... no. ;-)


Está de muerte.

Mientras lo preparo, llega la familia. Max y Ella vienen emocionadísimos con sus nuevos uniformes de colegio. Ambos empiezan nueva etapa. Se prueban los uniformes una y otra vez. Max practica el nudo de la corbata con un tutorial de Internet. Empieza mañana y Ella el lunes, y se les ve tan emocionados. Creo que yo no estuve nunca tan emocionado por ir al colegio... más bien lo contrario. Pero la verdad es que da gusto verles. 

A Sarah se la ve feliz. Cuida mucho de que tengan buenos recuerdos de esta época y lo hace realmente bien, demostrando una paciencia sorprendente. La verdad es que para mí es un ejemplo.

Es posible que mañana salgamos con unos amigos suyos. Me vendrá bien salir un poco y conocer gente nueva... y poner a prueba mi inglés. Pero dependerá de que no llueva, porque es en un lugar al aire libre.

Una de las cosas que hablé la otra noche con Sarah fue sobre lo que nos cuesta abrir nuestro corazón por miedo a la vulnerabilidad que supone. Tenemos muy asociada esa apertura y esa entrega, con la posibilidad de que nos hagan daño. Y en el fondo a todos nos ha pasado, de ahí viene ese miedo. A mí un par de veces me han tratado muy mal cuando he entregado mi corazón de una forma muy inocente... y eso ha dolido mucho, y me ha creado una coraza alrededor, un cofrecillo, que ahora intento abrir. Tengo claro que gran parte de mi bloqueo viene de ahí.

Pero la parte interesante de la conversación es que no necesariamente tiene que ir asociada la apertura con la vulnerabilidad. Porque la posibilidad de que nos hagan daño o no, está en nosotros mismos. Si estamos bien equilibrados, sanos, seguros y nos queremos lo suficiente... es muy difícil que nos puedan dañar, por mucho que entreguemos. Porque la entrega no será tal. Será un compartir, no será un "dejo de ser yo". Y ese compartir, será mucho más auténtico, porque será a corazón abierto y sin miedos.

Y no hablo sólo de parejas. Hablo de amor universal. Porque incluso cuando ayudamos a los demás, a veces dejamos de ser nosotros mismos y nos volvemos vulnerables... 

...y es que nunca hay que dejar de quererse. 



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