Australia / Tasmania - Día 44 (03/02/16) - Poniendo piedras en el porche.

miércoles, febrero 03, 2016

48 días de viaje. Los mismos que estuve en Ecuador. A partir de hoy bato mi record de estancia en el extranjero. Y tan contento.

Y es que sigo sorprendido de lo fácil que está siendo todo. Llevo mes y medio muy relajado, sin grandes preocupaciones, sin un mal rollo, sin agobios, sin prisas. Incluso estoy rodeado de niños hiperactivos... y (casi) no me afecta. ;-)

Y es que al final creo que se trata de eso. Relajación interior. Es realmente la puerta de la felicidad. Con eso, sientes que no necesitas mucho más.

Hoy me salto el yoga para dejar descansar un poco el cuerpo. Anoche me empecé a sentir mal, con dolor de cabeza y diarrea. Llegué a pensar que había sido por el esfuerzo, pero por la mañana estaba bien. Probablemente algo que comí.

Sarah y los niños se van a sus coles, y yo improviso un desayuno con tortilla, tomate y un poco del humus rosa (con remolacha) de Max.


Aprovecho también para poner una lavadora y tenderla antes de que llegue Alex.

En cuanto llega, nos ponemos a la tarea. Mientras él coloca los cristales de las puertas, me indica cómo preparar el sistema para que el agua no se acumule en la zona más elevada del cobertizo, es decir, las paredes trasera e izquierda.

Para ello me prepara unos troncos para que los entierre un poco, paralelos a las paredes izquierda y trasera, después nivelo la tierra que queda dentro, bien apelmazada, dejando cierta inclinación hacia atrás y hacia la derecha, la cubrimos con una tela de saco, pongo grava dentro y relleno el otro lado del tronco con tierra bien apretada. Y queda de lo más aparente.






Después, limpio de rastrojos, ramas secas y basura toda la parte de atrás para que quede cuco.


Con esto se me ha ido toda la mañana. Para comer me hago un apaño de arroz con las lentejas dhal que quedan, preparo café para Alex y para mí y vuelvo a la tarea.

Cuando llego, Álex ha limitado con un cordel la parte donde irá el porche y me ha marcado el nivel por donde debería ir la tierra. 


Por supuesto sobra tierra así que toca quitarla (de nuevo) y nivelar el terreno a la altura que me marca el cordel.

No me queda nada mal. El siguiente paso es cubrirlo con una capa de grava y luego una capa de arena, para colocar sobre ella las piedras.





Alex y Sarah han decidido hacer el porche con unas piedras planas que Sarah compró hace un par de años y que tenía amontonadas en el jardín. Así que me toca llevar todas las piedras hasta el cobertizo, y desperdigarlas para poder escoger las que encajen, como en un puzzle.



Por suerte las piedras están a pocos metros y no hay que hacer mucho recorrido. Además, uso la carretilla, claro.



Al final consigo mover todas las piedras. Arf...


La más grande y difícil de mover, que es la única que hemos tenido que mover entre Alex y yo, la colocamos justo delante de la puerta.


A las 18h damos por terminada la jornada, que ha sido mortal para ambos. Nos citamos mañana por la mañana para terminar el porche.



La verdad es que es un lujo trabajar con Alex. A sus 60 años tiene una energía y una vitalidad envidiables. Y lo que más me llama la atención es su criterio estético y su perfeccionismo. Siempre está pensando cómo lograr que todo quede más estético, y es tremendamente riguroso con las medidas y los niveles. A pesar de lo agotador del trabajo, estoy aprendiendo y disfrutando como nunca.

Para cenar Sarah ha hecho una crema de calabaza buenísima. Cenamos todos juntos esta vez.

Al final hoy no viene María, la helper iraní. Vendrá mañana a mediodía y me toca a mí enseñarle cómo va todo por aquí. Luego, a las 17h, me vienen a recoger Laura y Asier, la pareja de Alicante, para llevarme a cenar con ellos y conocer a su pequeña. Creo que me llevan al Cascade Gardens de Hobart.

Ya sólo me queda una semana más en Tasmania. Justo cuando empezaba a conocer a gente, qué pena, pero toca moverse.

Mica, la couchsurfing uruguaya, ya está en Melbourne y cuenta con encontrar casa en esta semana. En ese caso me alojaría. Aún estoy decidiendo si quedarme dos o tres noches para conocer algo Melbourne antes de volver al trabajo. Me vendrá bien un poco de relax y desconexión.

Ayer y hoy, mientras le daba al pico y la pala, sudando como un pollo, y con mis músculos diciendo que qué demonios estaba haciendo... no podía evitar pensar que no cambiaba el pico y la pala por mi mesa de oficina. Para nada. Nunca he estado tan tranquilo, centrado y feliz en mi vida. 





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