Australia / Tasmania - Día 50 (09/02/16) - Día de Deep Cleaning


Día 54 del viaje y 50 días ya en Tasmania...

No sé por qué, pero casi todos los días, y digo prácticamente todos los días, me despierto entre las 6:43 y las 6:49. Es decir... siempre que me despierto y miro la hora, está en ese margen. Siempre. Y tengo el despertador puesto a las 7. Creo que mi cuerpo lo ve venir y me avisa con tiempo. Qué majo.

Pues nada, saludos al sol, despido a la familia en su día de cole/curro, y me preparo un superdesayuno. Cojo unas berzas del huerto, aprovechando el viaje que me doy para dar de comer a los animales y recolectar huevos...


...rehogo las berzas con zanahorias y calabacín, y luego le añado unos huevos. Está tan rico que se me olvida hacerle la foto.

También me tomo un café con muesli... y ya me despido del gluten, que he abusado este finde y no me sienta bien.

Y hoy toca zafarrancho de limpieza. Sarah nos ha pedido que hagamos una limpieza a fondo en el recibidor y la cocina. Y que además le dé un repaso de limpieza al cobertizo.

Empiezo por el cobertizo que lo dejo todo cuco, y luego nos ponemos con la casa.


La idea es mover todos los muebles y limpiar muy a fondo. Cuando muevo el sofá, veo unas sospechosas caquitas...



Pero bueno, las limpio sin darle mucha importancia. 

Sigo la limpieza, y cuando llego a otro de los muebles, al moverlo, me encuentro este panorama:



Muchas cacas, mucha comida del gato y 4 calcetines formando un nido. Impresionante cómo son capaces los ratones de montarse una fortaleza, llegando incluso a robar calcetines que a veces dejan los niños por el suelo, y robando la comida de Daisy. Y lo más sorprendente... ¡sin dejar rastro! Ni una caca a la vista, nunca hemos visto a un ratoncillo corriendo por la casa. Total discreción. Me parece espectacular.

Hacemos una parada de tanta limpieza para hacernos algo de comer. Yo cuezo un poco de pasta y Mary prepara una salsa de las suyas con muchas cosas y muchas especies muy ricas.



Durante la comida tenemos una interesante charla sobre la importancia de saber decir que no. Muchas veces por complacencia o por evitar el conflicto, aceptamos cosas que no queremos... y eso genera un enfado que queda ahí y que al final sale de una manera u otra. Lo realmente bueno es ser honesto, primero con uno mismo para saber lo que realmente es importante para nosotros, y después con los demás para saber comunicarlo con sencillez, sin enfado.

Suena fácil, pero no lo es en absoluto. Es uno de mis grandes caballos de batalla. Soy mucho más complaciente que honesto. Toca equilibrar la balanza.

Por la tarde seguimos limpiando y en una de las veces que salgo fuera, veo algo moverse en el jardín y me encuentro... una de las gallinas! 

Miro un poco más... y otras dos!

Pues sí, tres gallinas que se han escapado del corral. Llevarlas de vuelta es muy fácil. Es sólo llamarlas y me siguen como perritos.


Al llegar al corral veo que sólo hay una más. Faltan 2!

Para ver cómo escapan, hago un experimento. Cierro la puerta del corral y echo un poco de grano delante de la puerta. Las gallinas se ponen histéricas queriendo llegar al grano, hasta que una de ellas, se desplaza un poco hacia un lado, como dos metros a la derecha... y voilá!. La veo como pasa entre dos palos que hacen de valla. La madre que las...

La vuelvo a meter para adentro y arreglo el túnel. Parece que hoy el día va de animales listos.

Se me hace un poco tarde para ir a la quedada de Spanish Tuesday, pero no me quiero ir sin encontrar las dos gallinas que faltan. Busco por todas partes, por los vecinos... y nada.

Llega Sarah con los niños y le cuento. No le da mucha importancia... dice que ya volverán por la noche a dormir a su casa. Me dice que va a cocinar curry por ser mi última noche, así que le digo que volveré pronto.

Me ducho rápido y me voy para la parada, pero llego 5 minutos tarde. He perdido el bus a Hobart y el próximo pasa en una hora. No me lo pienso. Saco el dedo y me pongo a hacer autoestop. Pasa un coche... y nada. Pasa otro coche... y se para. Esto es la leche.

Y por primera vez me para una chica que va sola. Se agradece la confianza. Es Samantha (Sam), una australiana que se vino a vivir a Tasmania y no lo cambiaría por nada. Tiene un acento cerradísimo, pero es curioso como he mejorado y la entiendo casi todo. Es muy simpática y alegre.


Pillamos un poco de atasco en la calle principal. Y justo le estoy comentando lo de que aquí los coches no pitan, cuando empieza a oírse una pitada monumental. Nos miramos con incredulidad. Pero cuando llegamos al siguiente cruce vemos una minimanifestación con pancartas de "Pita para apoyar a las enfermeras". Son solidarios hasta con eso.

No he podido resistirme a fotografiar este anuncio.


¿Se vería con normalidad un anuncio así en España?

Llego al New Sydney Hotel, y como ayer estuvieron de acampada, hoy hay muy poquita gente. Sólo Else, Denisse, Jonathan y otro que no conocía. Me quedo poquito, lo justo para una pinta, me despido de todos y me vuelvo en el bus de las 19:20.

Ya en casa me dice Sarah que las gallinas, efectivamente, volvieron. Lo único malo es dónde hayan estado escarbando. Porque tienen predilección por los semilleros de los vecinos. Y claro...

El curry, por cierto, está de muerte, como siempre. Lo ha hecho con arroz y quinoa de acompañamiento. Mañana le hago foto, que tomaré también para la comida.

Y esta es mi última noche en Tasmania. Han sido 50 días justos... y la experiencia ha sido increíble. Me ha encantado este sitio, la verdad. 

Pero siento mucha curiosidad e ilusión por ver lo que me espera en Melbourne. Lo mejor de esto es la posibilidad de cambiar totalmente cada poco tiempo. Creo que es algo impagable para alguien que huye tanto de la rutina como yo.

Aún no tengo claro donde duermo mañana. Me iba a ir finalmente a la casa que comparte Mica con más gente, pero parece que ha tenido un problema hoy con ellos y se ha tenido que ir, así que estoy un poco en el aire. Pero no me preocupa demasiado.

Así que mañana no sé cómo ni dónde escribiré el blog... ni siquiera sé si podré escribirlo... pero ya encontraré la forma y el lugar. 

Me resulta muy relajante escribir.



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