Nueva Zelanda / Whangeteau - Día 20 - (19/05/16) - Terminando por el tejado

Día 154...

Hoy hace 5 meses que llegué a Australia, dando comienzo a mi viaje. Y hoy estoy a sólo 10 días de irme a las Islas Cook!

Mañana habitual de despertarse con esfuerzo,  Saludos al Sol, desayuno...



...y curro. Hoy Nat me ha pedido que empiece por desmontar el pequeño almacén de leña que hay en el jardín y asñí aprovechemos las chapas metálicas para el tejado del gallinero.



El que lo hizo se esmeró bien y utilizó unos clavos estriados e infernales que no hay forma de sacar. La gran mayoría tengo que romperlos.





Y finalmente...



Y esto es lo que he sacado.



Vuelvo al gallinero. Lo siguiente es poner una malla de alambre en las ventanas para que se airee, pero no se escapen las gallinas, claro.




Por cierto, esto es de lo que hablaba ayer. Toda la casa está sostenida sobre estos pilares de madera de no más de 10 cms de grosor y que no van sujetos a nada, sólo apoyados. Es muy interesante.



Aunque no dejo de pensar en que, en caso de terremoto, es muy fácil que la casa se deslice y se salga de los apoyos... :-/

Lo siguiente que hago es seleccionar qué chapas voy a usar.



He tomado medidas y he visto que puedo cubrir bien el gallinero con 4 placas de las grandes. Habrá que cortarlas, pero son bastante fáciles de cortar con una especie de tijeras especiales que tengo aquí. También usaré las 4 tiras esquineras para poner encima del todo y que no entre agua.

Para comer, Nat me ha preparado un sándwich de pimientos, queso, lechuga y mayonesa, con chucrut y pepinillos. Ñam.



Una vez elegidas las placas, decido limpiarlas un poco con agua y un trapo, porque están hechas un asco.




No es que las deje superbrillantes, es que el agua se refleja y lo parece... ;-)

Esto es lo que usaré para el tejado.



Para terminar por hoy, hago algunas pruebas a ver cómo queda.



Cuando pongo las placas directamente, no me convence demasiado. Están tan viejas y usadas, que es difícil que queden planas, especialmente en los extremos, ya que quiero que sobresalgan un poco. Por otra parte, las esquinas son como cuchillos que quedan a la altura de los ojos. Fatal. He pensado que una solución sería poner un panel de contrachapado debajo de la chapa. Incluso podría forrar el panel con un aislante que Nat tiene a montones debajo de la casa. Me parece la solución ideal.

Cuando llega Nat (hoy ha tenido reunión con el profe de Kupe, un tal P. Ennis. No, no es coña), le comento la solución, pero no le convence demasiado. Quedamos en hablarlo mañana. Hoy viene cansada. 

Un vecino le ha regalado un pescado (aquí es muy habitual que cuando la gente sale a pescar, luego regala parte de la pesca a sus vecinos. Son así de majos), así que Nat lo prepara para la cena. A mí me vale con la guarnición: Patatas, acelgas de colores (raibow chards) y una salsa a base de feijoas, chile y cilantro.



Sigo disfrutando mucho de las comidas.

Después de cenar, le digo a Nat que hay que ver qué afición tienen en NZ con Apple, ya que todos usan iPhones, iPads, Macs... Me dice que tanto es así, que cuando Gala ha tenido hoy un problema con su portátil en el colegio (sí, usan portátiles en el colegio... y es escuela pública), no han sabido solucionárselo porque era un Asus y no un Mac.

Le digo que igual yo le puedo echar un vistazo. No he terminado la frase cuando Gala sale corriendo y me trae su portátil. El problema es que no le va el ratón del touchpad. Me huelo que es más software que hardware, así que aplico la primera solución del informático: Apagar y encender... y voilá.

Y es lo malo de los nuevos Windows, que nunca se apagan, siempre quedan en "suspensión", y eso hace que se vayan acumulando errores.

Cuando ya estoy en mi habitación, Kupe me trae para que lo pruebe una especie de vino dulce hecho a base de miel que prepara Nat. Está sorprendente.



Cuando hoy hablaba con Nat de lo de criar en comunidad y lo difícil que es hacerlo en grandes ciudades, me di cuenta de que para ella es bastante natural, porque en Nueva Zelanda viven en un modelo muy cercano. Hay unas pocas ciudades y son medianas, como Auckland o Wellington, pero la gran mayoría de la gente vive en zonas rurales o en pequeños pueblitos donde todos se conocen y hacen vida de "comunidad". El mismo hecho de que un vecino te regale parte de lo que ha pescado es prueba de ello.

Y es que cuando ves el vídeo que compartí ayer del crecimiento de la población, te das cuenta de que Oceanía se quedó bastante fuera de ese enorme crecimiento, que ha sido sobre todo en Asia, Europa y América. Y ésa es una de las grandes ventajas de Oceanía, lo que convierte en un paraíso muchos de los rincones de esta parte del mundo,la ausencia de superpoblación. Por eso viven tan relajados.

Y cambiando de tema... ;-)

Ayer me llegó por facebook este Artículo de El Confidencial sobre la industria alimentaria y me acordé de lo que me dijeron en la cocina del restaurante donde estuve trabajando en Ohakune: "Para que la comida esté realmente sabrosa hay que poner sal, azúcar, mantequilla y/o nata. No hay otra."

El problema es que nos hemos acostumbrado tanto a esos sabores, que lo natural nos parece soso. A la gente sólo le gustan los sabores naturales cuando ha tomado la decisión de comer sano. Pero es una decisión. Si no la tomas, te vas a lo fácil, y lo fácil es el sabor y la comida preparada.

Si lees los ingredientes de las etiquetas aquí, te asustas. Hasta la mayonesa lleva azúcar. Le ponen azúcar a TODO. 

Esto no me acuerdo si lo conté ya... Cuando estuvimos hace unas semanas en casa de unos amigos de Nat, nos pusieron de aperitivo unas almendras y unas patatas fritas de bolsa. Justo ese día habíamos estado hablando de los "saborizantes" y le dije... "Mira, haz la prueba. Come primero una almendra y después una patata frita". La almendra está rica, pero cuando comes la patata...  ¡es una explosión de sabor! Después de la patata... quieres más patatas. Ya no te apetecen las almendras. Es sorprendente... 

...y asusta.

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