Australia - Semana de reflexión

viernes, septiembre 30, 2016
26-29/09/2016
Lun-Jue

287 días viajando...

14 días en Innisfail...

No están siendo días muy emocionantes los de esta semana, por eso escribo menos.


Y es que Innisfail está claro que es un pueblecito de familias con hijos y vida tranquila... y poco más. Todos mis intentos de conocer gente por aquí, están siendo un desastre.

¿La parte buena? Que estoy más centrado que nunca en el yoga (donde he vuelto a hacerme parte de la serie de Ashtanga), en la meditación (donde voy sintiendo pequeños/grandes avances cada día) y viendo series de TV (donde alterno Narcos con Cites, un remake de la estupendísima serie inglesa Dates, muy acertada recomendación de mi amiga Marta y que me tiene sorprendido por el nivel actoral, perfectamente a la altura de la serie original. Están todos maravillosamente contenidos... ¡Hasta Eduardo Noriega! Y además me sirve para no olvidar el catalán).

Lunes

Eso sí... no perdono mis desayunos.



El lunes me acerco a Kurrimine Beach, una playa que hay a una media hora al sur de Innisfail. La marea está bajísima, por lo que no apetece mucho bañarse, pero el paisaje que deja es espectacular.




Está justo al lado del Parque Nacional de Kurrimine. Parte de los árboles que crecen junto a la playa tienen las raíces a la vista y son impresionantes.


 


Aprovechando la marea baja, una familia ha plantado una tienda. Ellos y yo somos las únicas personas en kms a la redonda.







¿Habéis visto Alien, el 8 Pasajero? ;-)



Martes

El martes es de compras y relax. Por fin encuentro un vaquero negro que me valga. Lo necesito para cuando empiece a currar en el café... a ver si me llaman.



Aunque voy a morir de calor con este uniforme. Menos mal que aquí, como no podía ser menos con la influencia americana, pasas de estar sudando la gota gorda por la calle, a congelarte con un frío polar dentro de cualquier local.

Por la tarde... paseo con Dude.



Y vuelvo a cruzarme con los pájaros asesinos, que deben estar anidando muy cerca de mi casa... y defienden los nidos ostentosamente.



Miércoles

Al día siguiente quedo con mi nuevo amigo Igor, de Pamplona, el que conocí en Cairns. Quedamos en vernos en alguna playa intermedia entre Cairns e Innisfail. Al final elegimos Bramston Beach.





Igor viene con otros tres españoles que acaba de conocer en el Hostel. Una chica de Granada y una pareja gallega, con los que pasamos un día estupendo.



Hay una familia volando una cometa cerca de nosotros e Igor no se resiste a probar.






Y así va cayendo la tarde...




Jueves

Sigo con mis desayunos de huevos y batidos de plátano, papaya y cacao.



El jueves decido irme a Cairns, a ver si hay más vidilla, y paso la mañana en la Lagoon.



Más tarde quedo con Igor. Me lleva a su centro de buceo, el Deep Sea Divers Den, para apuntarme de voluntario a alguna de las salidas de buceo. La del domingo a la que va él ya está completa, así que me apunto para la del jueves de la semana que viene para hacerla con mi amiga Marta, de Brisbane, que viene a visitarme.

La verdad es que es un chollo. Hacen salidas muy tochas de todo el día en un barco muy grande con 50-60 buceadores, así que cogen a 3 o 4 voluntarios que les ayudamos en la preparación de la comida, servirla, fregar los platos, limpiar el barco tras la jornada... y todo a cambio de 2 inmersiones y 2 snorkels que por lo general cuestan como unos $200.

Así que ya es seguro que voy a bucear la Gran Barrera de Coral!

Por la tarde quedo con Irene y su amiga francesa Vanille y pasamos la tarde en la Lagoon.




Y volvemos a terminar el día Igor, Irene y yo de cerves en The Pier Bar.



Visto así, todo condensado, no parece una semana tan aburrida. Pero la verdad es que si no fuera por Igor e Irene... me moría un poco de asco por aquí. A ver si me dan algunas horas de curro en el café y al menos así al menos socializo un poco.

Eso sí... todo este tiempo libre me permite volver a la lectura. Ya me estoy acabando True Love, el libro sobre mindfulness del monje budista Thich Nhat Hanh. 

Leyéndolo, vuelve a mi mente los 10 días que pasé en el retiro Vipassana en Nueva Zelanda y me doy cuenta de cosas. 

Estos días en los que estoy profundizando en la meditación, estoy consiguiendo llegar a ese punto en el que por fin consigo escapar de mis pensamientos y ansiedades mentales. Y me doy cuenta de que el objetivo de la meditación no es vaciar la mente, cosa probablemente imposible, sino relajarla, limpiarla y liberarla lo suficiente como para permitir que tu inconsciente se abra camino. Llámalo inconsciente, llámalo alma, llámalo conexión... pero cuando consigo ese estado de relajación y apertura mental, es cuando siento que veo las cosas con otra claridad y cuando siento que puedo moldear el universo que me rodea. En ese momento cobran mucho sentido algunos párrafos de El Alquimista de Pablo Coelho.

"Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón a descifrar un lenguaje que está más allá de las palabras, el que muestra aquello que los ojos no pueden ver."

Y entonces me doy cuenta hasta qué punto el Vipassana es tramposo e, incluso, negativo. La técnica de meditación del Vipassana se basaba en fijar toda la atención en sensaciones físicas con un nivel de concentración tal que no entraba ningún otro pensamiento. Y funciona, de hecho a mí se me daba muy bien concentrarme profundamente. Pero ahora entiendo que eso en vez de abrir y liberar tu mente, lo que hace es cerrarla y sujetarla, de forma que nada pueda entrar en ella. Y creo que, en ese caso, te pierdes lo realmente maravilloso de la meditación, que es esa conexión con... lo que sea.

Por eso no recomiendo en absoluto el Vipassana, pero sí recomiendo la práctica de la meditación. Pero, como todo en esta vida (como el yoga, como las "dietas", como el entrenamiento, como el conocimiento... como viajar...), requiere de mucha constancia y paciencia (no me gusta la palabra "disciplina"), no buscando resultados inmediatos, sino siendo muy paciente en la ausencia de resultados y siendo muy persistente, con fe y alegría.

Y cuando se disfruta del camino... las metas llegan.


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